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Fin de la temporada para Cybèle 17

Bodø – Noviembre de 2018
Cybèle está amarrado hoy a resguardo, en el puerto deportivo de Bodø, en el norte de Noruega, por encima del Círculo Polar,
frente a las míticas islas Lofoten, y pasaremos el invierno a bordo.
​Fuera sopla el viento, es hora de rememorar los recuerdos de nuestra travesía entre el 69° y el 80°N.


Después de recorrer la región de Tromsø, conocer los magníficos Alpes de Lyngen aún nevados a principios de mayo y acercarnos a las islas Vesterålen en junio con unas condiciones meteorológicas muy variables, a finales de junio pusimos rumbo al mítico Spitzberg, en el archipiélago de Svalbard. 
3 días de travesía —muy dura por momentos— y llegamos a los pies de los glaciares bajo el sol de medianoche.
En julio, navegamos a lo largo de la costa oeste de la isla de Spitzberg, hasta el 80°N.

Conocimos la capital Longyearbyen, la comunidad científica de Ny-Ålesund a 79°N, colectivos rusos de Barentsburg y la ciudad «fantasma» de Pyramiden, fauna, el paisaje mineral de estas islas heladas, la historia de las minas de carbón, balleneros, tramperos, el turismo que aquí se desarrolla a la velocidad de los gigantescos paquebotes, etc. 


Nos sorprendieron las enormes distancias que hay entre cada refugio, el tiempo más lluvioso de lo previsto y la complejidad del equipo de seguridad necesario para cada descenso a tierra. 
Íbamos a la caza de imágenes de la fauna y de las aves y nuestra única decepción fue no ver ningún oso.
Seguimos fascinados por los recuerdos de los glaciares, de los cañonazos al desplomarse un trozo de hielo, el crepitar de los grollers a nuestro alrededor y sus golpes contra nuestro casco, encontrando su camino con cuidado, pero cada vez más cerca.
Después de más de un mes allí, pusimos rumbo al continente y llegamos el 9 de agosto a medianoche al Cabo Norte. Otro lugar mítico.
Una vez reconectados —en todos los sentidos—, emprendimos el descenso hacia el sur explorando esa magnífica costa septentrional de Finnmark y luego viajando por los recuerdos de la primavera, para volver a ver los Alpes de Lyngen, sin su manto blanco esta vez, y el magnífico puertecito de Hamnes.
Admiramos las águilas y recogimos las famosas bayas árticas consideradas el «oro amarillo» local.  

Paladeamos los deliciosos bígaros que se cogen en abundancia en las orillas y logramos encontrar una playa acogedora donde poner a descansar por fin —y para disfrutar— el casco de nuestro Cybèle durante la marea baja.
Nos cruzamos con rebaños de renos justo antes de que los pastores samis los agruparan para llevarlos a la feria de otoño y contemplamos las primeras auroras boreales del otoño.
Última parada en Tromsø a mediados de septiembre y llegó la hora de poner rumbo a las Lofoten y nuestro puerto de invernaje. Se acercaba el final de la estación. 
Como siempre, vivimos unos extraordinarios momentos de amistad con los compañeros que nos acompañaron a lo largo de toda nuestra temporada y todos aquellos que compartieron con nosotros un trocito de sus vidas en nuestras escalas y a los que les agradecemos su amistad y su generosidad. Vibramos con las apasionadas conversaciones en Tromsø, antes de llegar a Spitzberg, entre navegantes entendidos y los principiantes impacientes que éramos. Y también con las veladas charlando después… Ya está: ahora ya formamos parte del círculo de los iniciados.​
A partir de ahora disfrutaremos compartiendo nuestra experiencia. ¿Quizá con usted? 
Estaremos en el Nautic, en París, del 7 al 13 de diciembre, en el stand de NVequipment.  
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